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El CONICET La Plata lamenta el fallecimiento de Jorge Eduardo Rabinovich

Era investigador superior del organismo y se desempeñaba en el CEPAVE. Se destacó por sus contribuciones al control de la enfermedad de Chagas en América Latina


Jorge Rabinovich -el segundo de derecha a izquierda- junto a su equipo en el CEPAVE. Foto: gentileza investigadores.

El CONICET La Plata acompaña a familiares, amigos/as y compañeros/as del científico Jorge Eduardo Rabinovich, integrante del laboratorio de Triatominos del Centro de Estudios Parasitológicos y de Vectores (CEPAVE, CONICET-UNLP-asociado a CICPBA), quien falleció en las últimas horas.

Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Buenos Aires (UBA) en 1963, y Ph. D. en Ecología por la Universidad de Cornell, Estados Unidos, en 1967, Rabinovich desarrolló una extensa trayectoria dedicada a la ecoepidemiología de la enfermedad de Chagas y microorganismos asociados a triatominos, una subfamilia de insectos a la que pertenece, por ejemplo, la vinchuca, vector de esa enfermedad. Su amplia experiencia se plasmó en estudios de impacto y planificación ambiental y análisis de la dinámica de vectores de enfermedades; manejo de la fauna silvestre, organización de tareas de entrenamiento y capacitación en el área de ecología teórica y aplicada, y análisis ecológico en control de plagas; además de la planificación y evaluación de la educación universitaria y la investigación científica.

Desde su laboratorio en el CEPAVE destacaron su perseverancia, entusiasmo y labor incansable, “siempre ideando nuevos esquemas de trabajo y presentando ideas nuevas”, y lo despidieron agradeciendo los años compartidos: “Con el tiempo, nos hemos dado cuenta de que su forma de ver la ciencia ha sido un gran aporte para convertirnos en los investigadores e investigadoras que somos hoy”, subrayaron.

Desde Córdoba, los biólogos David Gorla, Joaquín Navarro y Gustavo Zuleta resaltaron que Rabinovich “fue una piedra basal para quienes iniciamos nuestro camino en la investigación científica hacia finales de la década de 1970 e inicios de la de 1980” y puntualizaron: “Su impacto sobre el control de la enfermedad de Chagas en Latinoamérica fue fundamental. Inició los estudios de tablas de vida de las especies de vinchuca con mayor importancia epidemiológica en la transmisión de Trypanosoma cruzi; estudió las posibilidades de usar una microavispa parásita de huevos de vinchuca como un método de control biológico sobre una sólida base en modelos matemáticos; fue el primero en hacer estimaciones de la abundancia de vinchucas dentro de una vivienda usando exquisitos métodos de captura, marcado y recaptura”.

“Más allá de sus brillantes contribuciones académicas, su compromiso lo llevó a la destacada tarea de vincular el mundo académico con la realidad que lo rodeaba. Hacia principios de los ‘80, convocó a investigadores, médicos y gestores de programas de control de vinchuca de Latinoamérica a un taller que elaboró un gigantesco modelo de simulación que evaluó el impacto comparativo del rociado con insecticida, el mejoramiento de viviendas y la educación sanitaria sobre la incidencia de la enfermedad de Chagas. Pequeñas chispas del fuego que producía a su alrededor con su capacidad de trabajo”, agregaron.

Sus colegas resaltaron “su silenciosa y monumental obra para la ciencia latinoamericana” dando como ejemplo su libro, “Ecología de Poblaciones Animales”, un clásico para la enseñanza de la Ecología.