CIENCIAS EXACTAS Y NATURALES

Conocer, valorar y aprovechar: difunden el potencial medicinal y alimenticio de plantas que circulan en la ciudad

Un investigador del CONICET lleva adelante una serie de estrategias destinadas a visibilizar especies vegetales no convencionales disponibles en ferias, mercados, dietéticas y otros ámbitos urbanos. Dicta cursos y talleres orientados tanto al campo académico como a la comunidad en general, en los que se pone en valor el aporte nutricional que ofrecen y su utilidad con fines productivos


Mercado boliviano de Liniers, CABA. Fotos: gentileza investigador.
Pasionaria. Fotos: gentileza investigador.
Papa del aire. Fotos: gentileza investigador.

Se conoce como NUS (sigla en inglés para Neglected and underutilized species, es decir Cultivos marginados y subutilizados) a un conjunto de especies vegetales olvidadas que cuentan con un gran valor nutricional y productivo pero que son explotadas y consumidas solo por pequeñas comunidades y no por la población en general. Esta subexplotación de sus cualidades hace que se pierda, por un lado, el valioso caudal de beneficios que otorgan a la salud y a la diversificación de la dieta –sobre todo, en un contexto de crisis alimentaria mundial– y, por otro, su potencial económico. Dedicado al estudio de estas plantas no convencionales, particularmente aquellas que circulan en ámbitos urbanos, el investigador del CONICET Jeremías Puentes, del Laboratorio de Etnobotánica y Botánica Aplicada de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (FCNyM, UNLP), forma parte de una serie de proyectos orientados a reconocerlas, visibilizarlas y promover su consumo y producción.

“En ferias, mercados y dietéticas, entre otros lugares, existe una gran circulación de plantas que no son tan conocidas por el común de la gente, pero que tienen propiedades nutricionales muy valiosas y a las que se le pueden dar diversos usos. Pero ocurre que, por más beneficios que tenga una planta, si una persona no sabe cómo consumirla o utilizarla, no la compra. Entonces, se cultivan a baja escala, generalmente por comunidades migrantes, y son utilizadas por esos grupos en particular, pero no por la mayoría de la población”, apunta Puentes. En pos de visibilizar la utilidad de estas especies a la hora de ampliar las estrategias alimentarias y diversificar la dieta de la población, el experto promueve talleres, cursos, charlas y otras instancias formativas destinadas a instituciones educativas, organismos públicos y privados y miembros de la comunidad en general.

“Estos proyectos se enmarcan en el campo de la etnobotánica, es decir el estudio de las relaciones entre seres humanos y plantas, que se centra en los conocimientos, usos y valoraciones culturales que las distintas sociedades le fueron dando a lo largo del tiempo, tanto con fines alimenticios, medicinales, materiales o espirituales, y apuntamos a brindar el conocimiento botánico asociado a estas especies que circulan en los ámbitos urbanos y a concientizar sobre los recaudos que se deben tener al momento de consumirlas”, cuenta Puentes.

Existen plantas con propiedades medicinales y alimenticias que ya son populares y se comercializan hace tiempo, pero hay otras que circulan por la ciudad y son consideradas malezas, que brindan beneficios similares: “Un ejemplo concreto es el diente de león, al que todo el mundo conoce. Es el panadero con el que todos los nenes y nenas alguna vez juegan. Crece espontáneamente durante todo el año, es beneficioso para problemas digestivos o por su acción desinflamatoria. Además, es una planta de la que se pueden aprovechar todas las partes, desde la raíz hasta las hojas. Hay dietéticas o farmacias que lo venden en forma de hierba seca, pero la mayoría de la gente no sabe que ese que compra es el mismo diente de león que tiene en su jardín, con idénticas propiedades”. Otras especies que gozan de un mejor status son la carqueja, característica por sus tallos alados y sus flores blancas y perfumadas durante el verano y el otoño, que “es buena” para afecciones estomacales o intestinales; y la Stevia, un edulcorante natural muy utilizado.

El campo de estudio de Puentes abarca también el análisis de la calidad botánica de estas especies. Uno de las plantas con las que trabaja es el goji, una baya de origen chino fácil de encontrar en tiendas naturistas que, por su popularización años atrás, en 2021 entró en el Código Alimentario Argentino (CAA), es decir que su uso para consumo humano está regulado y tiene establecidos los requisitos de seguridad, calidad, etiquetado y condiciones de producción y comercialización. “Eso ocurre todo el tiempo con distintas plantas que van incorporándose al acervo cultural y gastronómico de una sociedad. Un ejemplo perfecto es la quinoa, que hace más de 20 años era prácticamente desconocida para el común de la gente, pese a que había todo un conocimiento acumulado de centenares de siglos, ya que era un alimento consumido por los incas. A través de diversos programas de desarrollo local, comercialización, difusión y publicidad llegó a convertirse en el producto que es hoy, con implicancias en problemáticas como la diabetes, el estrés o el colesterol”, puntualiza.

Buena parte del conocimiento generado por el Laboratorio de Etnobotánica y Botánica Aplicada de la FCNyM, del que forma parte Puentes, está sintetizado en un libro publicado en 2023 y que es de descarga libre y gratuita, que es una suerte de compilado de diversas plantas de distintos puntos del país e incluye desde su descripción científica hasta recetas para su cocción. “Es una manera de retribuir a la sociedad el apoyo que brinda a nuestro trabajo científico, y de aportar a la conservación de estas especies promoviendo su uso en la cocina. Además, se aportan recomendaciones no solo para identificarlas sino también para un consumo seguro”, dice el experto. En esa publicación puede verse la utilidad gastronómica de la mora, la mostaza china o el yacón, un tubérculo que aporta beneficios para la salud digestiva y para la regulación de los niveles de azúcar en sangre y el colesterol.

“Otro aspecto que abordamos es el vínculo con los productores. En el contexto de crisis alimentaria que atravesamos, y con la poca diversidad que hay en la dieta de las poblaciones, uno de las intenciones es difundir este conocimiento para ampliar la dieta. Y uno de los mecanismos es mostrarles a ellos que hay un montón de especies muy rentables, cuyos cultivos no requieren demasiada estructura y que se multiplican fácilmente”, comenta Puentes. En este conjunto, incluye a la papa del aire; la achojcha –una planta trepadora que da frutos de valiosas propiedades medicinales y nutricionales– y el cayote, un pariente del zapallo, la calabaza, la sandía o el melón, muy utilizado para la elaboración de dulces.

“Nosotros acercamos el conocimiento. Después cada planta hace su proceso para entrar en las costumbres de una comunidad y perdurar. La quinoa, o el kale, una verdura de hoja verde de la familia del brócoli, hace 10 o 20 años no se encontraban fácilmente y ahora tienen una aceptación notoria. Otras, se vuelven populares por un tiempo y luego son consumidas a baja escala, tal el caso del goji que en su momento fue un boom. Y también hay especies que desaparecen: un ejemplo es el sacha inchi, similar a un maní proveniente de la Amazonía peruana que apareció momentáneamente en las dietéticas y luego por diversos motivos se fue dejando de consumir”.

Una de las estrategias que encabeza Puentes se implementa bajo la forma de Servicio Tecnológico de Alto Nivel (STAN) –un tipo de herramienta de vinculación con la sociedad con la que cuenta el CONICET–, que consiste en una capacitación adaptable a distintos públicos tanto del ámbito público como privado, que ya fue expuesta durante 2025 como módulo de etnobotánica en la Maestría de Plantas Medicinales de la Facultad de Ciencias Exactas (FCEx, UNLP) y en otros ámbitos académicos, como cursos precongresos.

Por Marcelo Gisande.