CIENCIAS EXACTAS Y NATURALES

Un científico argentino contribuye al estudio de la ocupación musulmana de la península ibérica y su posterior expulsión por los españoles

Durante una estadía de investigación en la Universidad Autónoma de Barcelona, España, un arqueólogo del CONICET aportó sus conocimientos a un proyecto que busca comprender cómo eran las prácticas de la población andalusí previo al dominio político cristiano acontecido en la Edad Media. El trabajo se realizó en sitios ubicados en la actual provincia de Málaga


Reinaldo A. Moralejo durante los trabajos de campo en Málaga. Fotos: gentileza investigador.
Reinaldo A. Moralejo durante los trabajos de campo en Málaga. Fotos: gentileza investigador.
Reinaldo A. Moralejo durante los trabajos de campo en Málaga. Fotos: gentileza investigador.
Reinaldo A. Moralejo durante los trabajos de campo en Málaga. Fotos: gentileza investigador.
Reinaldo A. Moralejo durante los trabajos de campo en Málaga. Fotos: gentileza investigador.
Reinaldo A. Moralejo durante los trabajos de campo en Málaga. Fotos: gentileza investigador.

En el marco de una beca externa del CONICET, el investigador del organismo Reinaldo A. Moralejo, quien se desempeña en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (FCNyM, UNLP), realizó una estadía de investigación de seis meses en la Universidad Autónoma de Barcelona, España, en la que formó parte de un proyecto científico orientado al estudio de las condiciones en que tuvo lugar la conquista del sur de la península ibérica por parte de los castellanos durante la Edad Media y, en particular, de las prácticas agrarias desarrolladas en la región de Al-Ándalus antes y después del dominio cristiano. El trabajo de Moralejo se orientó al relevamiento, mapeo cartográfico y desarrollo de una base de datos de información geográfica, cruzando documentación histórica escrita con la observación de campo desde un enfoque arqueológico.

De vasta experiencia en el estudio de las estructuras y caminos pertenecientes al sitio arqueológico conocido como El Shincal de Quimivil, un emplazamiento incaico ubicado cerca de la localidad de Londres, Catamarca, que funcionó como centro político, administrativo y ceremonial entre fines del siglo XV y comienzos del XVI, Moralejo se aventuró a la tarea de descubrir vestigios de las prácticas musulmanas al sur de la península ibérica: “A diferencia de lo que ocurre en El Shincal, donde la documentación histórica con la que se cuenta es sumamente escasa, en el caso del municipio de Alcaucín, que se encuentra en el Parque Natural Sierra de Tejeda, Málaga, donde trabajamos con el equipo catalán, hay mucho volumen de información escrita que facilita la tarea. No es lo mismo ir a un sitio arqueológico sin datos previos, a ciegas, que hacerlo con tanta investigación preexistente”, cuenta.

Profesor del Departamento de Ciencias de la Antigüedad y de la Edad Media de la universidad catalana y líder del proyecto, Félix Retamero comenta: “La cronología de la conquista de la península ibérica nos lleva al menos desde principios del siglo XII, incluso un poco antes, hasta los siglos XV y XVI. Es un proceso que supone a largo plazo la destrucción de una sociedad existente en ese momento en buena parte de la península, que era la de Al-Ándalus. A nosotros nos interesa estudiar, por un lado, esa sociedad, pero por otro también la sociedad que organizó la conquista. Cómo eran las prácticas de esas poblaciones antes y después de ella, sobre qué bases se construyó una sociedad nueva teniendo en cuenta los espacios y las prácticas agrícolas preexistentes y cómo fueron inmediatamente transformadas en un sentido diferente”.

Uno de los casos de estudio es el relacionado con el reino de Granada, una entidad política creada bajo el dominio de los reyes católicos que abarcaba las actuales provincias españolas de Málaga, Granada y Almería, en los extremos sur y sureste de la península. Allí, según cuenta Retamero, se estableció una población colonizadora nueva, que provenía mayoritariamente de los reinos cristianos vecinos como Sevilla, Córdoba y Jaén, en coexistencia con una comunidad de origen andalusí, conocida inicialmente como mudéjar y luego como morisca, tras su conversión forzosa al cristianismo, algo que duró alrededor de noventa años hasta la expulsión definitiva de los musulmanes.

“La conquista de ese territorio fue en 1487 y la expulsión ocurrió en 1570. Es un período muy bien documentado, hay mucha información escrita sobre los paisajes con los que se encontraron los conquistadores, las prácticas agrarias de esa sociedad musulmana que permaneció organizada, y cómo intervino sobre esos espacios la población nueva. Pero por muchos documentos que se estudien, todo ese proceso no se entiende adecuadamente si no se le da un enfoque arqueológico”, apunta el investigador catalán.

En ese punto, cobró protagonismo la experiencia de Moralejo, quien se dedicó a la prospección arqueológica de los sitios investigados, lo que permitió, entre otras cosas, localizar los espacios de cultivo, establecer sus límites e identificar las redes de circulación, como senderos y caminos. “Y otros hallazgos que no esperábamos, pero que aún debemos terminar de confirmar”, advierten.

Una de las cosas que llamó la atención del equipo fue el descubrimiento de que una fortaleza militar de la época islámica, cuya existencia se conocía y estaba documentada, había sido reutilizada o reocupada con fines agrícolas: “Está ubicada en uno de los extremos de la zona en la que realizamos la prospección. Descubrimos que parte de ese recinto se había aprovechado tras la ocupación para construir andenes, terrazas de cultivo e, incluso, viviendas campesinas”, apuntan.

La base de datos que desarrolló Moralejo fue confeccionada utilizando un software gratuito y de código abierto conocido como QGIS (Quantum GIS), un Sistema de Información Geográfica (SIG) que permite la gestión de datos geoespaciales y la creación de mapas complejos. “Comencé a confeccionarla con toda la información escrita con la que contaba el equipo, y fui sumando datos de nuestro trabajo de campo. Es un proceso aún incipiente, porque requiere continuar con las observaciones y las prospecciones, comenzar a excavar, realizar entrevistas con gente del lugar y seguir analizando la documentación escrita, que es realmente voluminosa. Todo esto tendiente a empezar a generar una puesta en valor del sitio”, comenta el profesional.

Para finalizar, Retamero resalta: “La participación de Moralejo en nuestro estudio no fue la de un auxiliar o un asistente de investigación. Durante su estadía, realizó tareas específicas que aportaron conocimientos y capacidades técnicas que no estaban presentes hasta entonces en el equipo. Fue un aporte original e imprescindible para nuestro trabajo de campo”.

Por Marcelo Gisande.