CIENCIAS BIOLÓGICAS Y DE LA SALUD

Un equipo científico platense participa de un exhaustivo análisis de varias especies de pejerreyes que viven entre el río y el mar

Una investigación del CONICET en colaboración con una universidad norteamericana estudió a nivel genómico más de 300 ejemplares de Sudamérica y obtuvo información muy valiosa para completar su historia evolutiva


El estudio se basó en información de más de 300 ejemplares de distintas especies de pejerreyes provenientes de diversas colectas. FOTOS: CONICET Fotografía/ Rayelen Baridon.
De izq. a der.: Gustavo Somoza, del INTECH, y Yamila Cardoso y Yanina Briñoccoli del IALP, autor y autoras de la publicación.
Yanina Briñoccoli es becaria del CONICET y la investigación fue parte de su tesis doctoral.

Durante largo tiempo, lo usual fue distinguir a las especies por sus rasgos morfológicos –características físicas que se ven a simple vista– o, por el contrario, tomar por lo mismo a dos individuos diferentes, simplemente por sus similitudes externas. Pero todo comenzó a cambiar cuando aparecieron los estudios de la genética que, de la mano de algunos fragmentos de ADN, develaron el funcionamiento de la transmisión y herencia biológica a través de las generaciones. Sin embargo, el avance de las investigaciones hizo que en un momento tampoco esto alcanzara para continuar profundizando en el conocimiento, y entonces el gran salto se dio de la mano de la genómica, la rama que analiza miles de regiones del material genético en conjunto y permite estudiar cómo se distribuye la variación genética y sus interacciones con el entorno. En el caso de los pejerreyes, este nivel de análisis abrió la puerta para mucha información hasta ahora desconocida sobre su compleja historia evolutiva.

“El hecho de estudiar la genómica del pejerrey ya es, para Argentina, algo novedoso”, explica Yamila Cardoso, investigadora del CONICET en el Instituto de Limnología de La Plata (ILPLA, CONICET-UNLP-asociado a CICPBA) y autora de un exhaustivo estudio científico sobre el tema recientemente publicado en la revista Hydrobiologia. La pregunta “madre” del laboratorio que guió la línea en la que se enmarca el trabajo es ambiciosa: ¿cómo se forman las especies? Y, si se afina la búsqueda solo en torno a los peces, el interrogante que intentan responder es ¿qué procesos ocurridos a lo largo de la historia de la Tierra dieron lugar a la enorme diversidad que existe actualmente? “Tengamos en cuenta –enfatiza la experta– que los peces son los vertebrados más diversos de todo el planeta y en Sudamérica, concretamente, los de agua dulce conforman nada menos que el 25 por ciento de este grupo de animales a nivel global, muchos más de los que hay en otros continentes”.

La elección del pejerrey como objeto de estudio radica en buena parte en su importancia económica para esta región, dado que es utilizado tanto en la pesca deportiva como en la comercial. Así y todo, apunta Cardoso, “aún queda mucho por conocer”, y el salto a las herramientas de la genómica –llevadas adelante gracias a la colaboración con la Universidad George Washington, en EEUU–, permitió obtener una mirada de mayor resolución sobre las relaciones evolutivas y la diversidad genética del grupo. “Nos concentramos en lo que sucede en Argentina, Brasil, Uruguay y Chile, y trabajamos con alrededor de veinte especies de pejerreyes, incluyendo marinas y de agua dulce”, cuenta Yanina Briñoccoli, becaria del CONICET en el ILPLA y primera autora de la publicación.

Algo propio de los pejerreyes de esta región es que aquellos que viven en el mar ocupan ambientes a ambos lados de Sudamérica, en el Atlántico y el Pacífico, y el análisis genómico permite reconstruir las relaciones evolutivas entre estos linajes “como hermanos separados por los océanos”, ejemplifica Cardoso. “Estos peces pueden, incluso, entrar a un río y sobrevivir muy bien, contrario a la creencia común de que el cambio de hábitat puede matar al animal”, continúa la investigadora, y añade: “Originariamente el ancestro era marino, y a lo largo de miles de años los distintos descendientes fueron colonizando ambientes de agua dulce a través de un proceso llamado diversificación evolutiva, que puede dar lugar a nuevas especies cada vez mejor adaptadas, extendiéndose hacia nuevos ambientes”.

Pero la historia no siempre es sencilla. En algunos casos, peces que presentan diferencias pueden seguir cruzándose y generar descendientes fértiles, permitiendo que los genes continúen intercambiándose entre poblaciones, “algo que puede generar distintas combinaciones de características y hacer más difícil establecer límites claros”, expresa Briñoccoli. En este sentido, la becaria señala que “podemos encontrar diferencias morfológicas importantes sin que necesariamente exista una diferenciación genética equivalente”. Esto puede ocurrir, en parte, por la plasticidad de estos animales: las condiciones ambientales, como la salinidad, la temperatura o la disponibilidad de alimento, pueden influir en su crecimiento y en características de su cuerpo. Así, peces genéticamente similares pueden presentar diferencias en su aspecto cuando viven en ambientes diferentes.

En este escenario, la genómica permitió relacionar entre sí a especies que hasta ahora no se consideraba emparentadas por sus diferencias morfológicas y, por el contrario, distanciar a dos ejemplares que históricamente se tomaban como parecidos, una vez comprobado que a nivel genómico son muy diferentes. Uno de los principales desafíos del estudio tuvo lugar en el terreno técnico, teniendo en cuenta que los cómputos matemáticos, que con la genética estándar mostraban uno o dos fragmentos de ADN, ahora exhiben el genoma completo. “El salto informático es grande y tuvimos que aprender a manejar big data o macrodatos: son volúmenes de información que no se pueden descargar en una sola computadora sino en clústers, que son grupos de ordenadores conectados que trabajan como si fueran uno solo, y que pueden estar varios días seguidos procesando resultados”, relata Briñoccoli.

El equipo de investigación analizó información obtenida a partir de más de 300 ejemplares provenientes de distintas campañas y colectas. “Tener conocimiento acerca de la determinación y delimitación de especies tiene una gran importancia para el manejo del pejerrey como insumo pesquero y los planes de manejo y control: saber qué poblaciones existen, en qué lugares y bajo qué condiciones viven, y cómo están conectadas entre sí”.  No obstante, el aporte más valioso de este trabajo, apuntan las expertas, tiene que ver con conocer la diversidad existente como base para cualquier estudio y para, asimismo, formular predicciones. “Teniendo en cuenta la historia evolutiva, los procesos geológicos involucrados y también el cambio climático podemos plantear hipótesis sobre cómo podrían responder estos organismos frente a futuras variaciones ambientales”, concluyen.

Sobre investigación:

Briñoccoli, Y.F., González-Castro, M., Rueda, E.C. et al. Phylogenomic insights into species boundaries and population structure in South American silversides (Odontesthes, Atherinopsidae). Hydrobiologia 853, 5383–5399 (2026). https://doi.org/10.1007/s10750-026-06281-1

Por Mercedes Benialgo.