CIENCIAS EXACTAS Y NATURALES

Un mapa global revela cómo se distribuye el orden de insectos que reúne a saltamontes, grillos y langostas y aporta claves para su conservación

Liderado por expertas del CONICET La Plata, y en base a herramientas bioinformáticas, el trabajo reunió, analizó y validó más de 832 mil registros georreferenciados de la presencia de ortópteros en distintos puntos del planeta. El estudio arroja pistas sobre las zonas que presentan mayor riqueza de especies y sobre las que hay vacíos de información. El conjunto de datos resultante se encuentra disponible en una base de acceso abierto


María Marta Cigliano y María Celeste Scattolini. Fotos: CONICET Fotografía/R. Baridón.
Ejemplar de esperanza, del suborden Ensifera. Su mayor diversidad se concentra en los bosques húmedos tropicales, zonas fuertemente amenazadas por la deforestación. Foto: gentileza Holger Braun.
Tucuras, del suborden Caelifera. Presentan picos de diversidad en pastizales y ambientes áridos. Foto: gentileza M. M. Cigliano.
Tras un minucioso proceso de organización, evaluación, selección, depuración y limpieza, se consolidaron más de 832 mil registros georreferenciadós. Foto: CONICET Fotografía/R. Baridón.
Mapas de emergencia global que identifican áreas prioritarias para la conservación, señalando las regiones donde la pérdida de hábitat y los vacíos de información científica representan una mayor amenaza.
Según el estudio, hay regiones en las que se podría estimar que hay hasta 40 especies de ortópteros más de las que están registradas. Foto: CONICET Fotografía/R. Baridón.

Los insectos son uno de los grupos de animales más diversos del planeta. Están presentes prácticamente en todos los ambientes terrestres y cumplen roles clave para el funcionamiento de los ecosistemas que habitamos. Pese a su singular importancia, siguen estando subrepresentados en las evaluaciones mundiales sobre biodiversidad, y conocer cómo se distribuye esa diversidad a escala global continúa siendo un desafío.

Un equipo internacional de investigadoras e investigadores, encabezado por expertas del CONICET en el Centro de Estudios Parasitológicos y de Vectores (CEPAVE, CONICET-UNLP-asociado a CICPBA) y con participación de profesionales del Museo de La Plata (UNLP), puso el foco en uno de esos grupos: los ortópteros, el orden que incluye, entre otros, a los saltamontes, las langostas, los tetigónidos, o esperanzas, y los grillos. Para reconstruir cómo es su distribución a escala planetaria, los científicos y científicas reunieron, analizaron y validaron más de 832 mil registros georreferenciados de su presencia en distintas regiones y los combinaron mediante herramientas bioinformáticas con modelos de distribución de cada especie y diferentes variables ambientales.

El resultado del arduo trabajo es un mapa global que permite observar no solo dónde se concentra la diversidad conocida para este grupo, sino también cuáles son las regiones en las que todavía falta información y aquellas en las que es urgente intervenir para garantizar su conservación. Las contribuciones de la investigación se publicaron recientemente en la prestigiosa revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

El trabajo tiene su génesis en un proyecto internacional, denominado Orthoptera Species File (OSF), una base abierta de datos taxonómicos y registros de saltamontes, langostas, grillos e insectos afines de todo el mundo, que es encabezada por la investigadora del CONICET en el CEPAVE María Marta Cigliano. “A partir de la información disponible, sumando datos provenientes de otras bases mundiales, nos propusimos llevar a cabo algo inédito: un análisis de la diversidad global y los patrones de distribución geográfica de este grupo”, cuenta María Celeste Scattolini, investigadora del CONICET en el CEPAVE y primera autora del trabajo. La prolífica tarea permitió reunir casi 2 millones de registros originales que daban cuenta de la presencia de especies de ortópteros en diversas regiones del planeta.

Tras un minucioso proceso de organización, evaluación, selección, depuración y limpieza, se consolidaron mediante herramientas bioinformáticas más de 832 mil registros precisos con su correspondiente georreferenciación. “Esto amplió casi en un mil por ciento la cantidad de información disponible en OSF, ya que al comienzo de la investigación se contaba con alrededor de 90 mil registros, lo que implica un significativo incremento del conocimiento sobre la distribución espacial del orden a nivel mundial”, apunta Cigliano, también autora del paper.

Mediante modelos de distribución de especies, el estudio identificó áreas de extraordinaria riqueza, esto es, regiones con mayor diversidad, y endemismo, es decir una distribución natural limitada a un lugar geográfico específico, que no se conocían o estaban subestimadas, especialmente en regiones tropicales y subtropicales de Asia, América del Sur y África. “El análisis evidenció un marcado sesgo de muestreo: la gran mayoría de los datos proviene del hemisferio Norte, mientras que las zonas más biodiversas del Sur global presentan profundos vacíos de información”, advierten las expertas platenses. Esto revela una paradoja: las regiones que podrían albergar mayor diversidad son, precisamente, aquellas sobre las que menos información existe. “Nos dimos cuenta de que en las zonas con mayor riqueza es donde menos muestreos había; se estaba subestimando mucho”, apunta Scattolini.

Cruzando la información obtenida con datos ambientales sobre los biomas asociados a estos insectos, el equipo elaboró mapas de riqueza para los dos grandes subórdenes en los que se dividen los ortópteros: Ensifera, que reúne a grillos y tetigónidos, concentra su mayor diversidad más cerca del Ecuador, especialmente en los bosques tropicales húmedos, y también presenta una elevada riqueza y endemismo en regiones mediterráneas. Es de destacar que ambos tipos de ambientes se encuentran entre las áreas donde los cambios en el uso del suelo representan una amenaza para la biodiversidad. Por su parte, Caelifera, donde se agrupan langostas y saltamontes, presenta rangos geográficos más amplios y sus picos de diversidad están más cerca de los trópicos, en pastizales y ambientes áridos. “Estos patrones contrastantes demuestran que ambos linajes responden a dinámicas ecológicas y evolutivas distintas”, destacan.

“Hay regiones en las que se podría estimar que hay hasta 40 especies de ortópteros más de las que están registradas. Ese vacío de información, que puede esconder especies aún no descriptas, sumado al fuerte impacto de la actividad humana, ya sea por la deforestación o por el avance de la agricultura, y las variaciones ambientales por el cambio climático que provocan la pérdida de hábitat, representan una seria amenaza”, apunta Cigliano.

En ese sentido, el trabajo aporta mapas de emergencia para la conservación de la diversidad de estas especies, es decir herramientas que señalan dónde se debe priorizar urgentemente el trabajo de campo y la toma de decisiones en materia de conservación para proteger áreas de alto valor biológico antes de que sus hábitats se degraden o destruyan.

Referencia bibliográfica:

M.C. Scattolini,A. Lira-Noriega,M.E. Pocco,H.L. Pereira,M.B. Cabrera, & M.M. Cigliano,  Hidden global diversity and sampling gaps in Orthoptera insects revealed through distribution data, Proc. Natl. Acad. Sci. U.S.A. 123 (35) e2529490123, (2026). DOI: https://doi.org/10.1073/pnas.2529490123

Por Marcelo Gisande.