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Un abordaje desde la psicología sobre la visión infantil de la muerte

Investigadores del CONICET buscan explicar cómo la entienden y conceptualizan los más chicos


Ramiro Tau. Foto: CONICET.

“Nos preguntamos específicamente cómo se desarrolla la comprensión de la muerte en los chicos de 5 a 10 años de edad. Elegimos ese recorte por distintas razones metodológicas y éticas, pero fundamentalmente porque es en dicha etapa donde se dan las mayores transformaciones respecto a esa noción”, explica Ramiro Tau, becario del CONICET y profesor adjunto de la cátedra de Psicología Genética de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

El trabajo en cuestión es la tesis doctoral del especialista, que lleva como título “La génesis de la noción de muerte en los niños” y cuenta con la dirección de los doctores Alicia María Lenzi, de la UNLP, y José Antonio Castorina, investigador del CONICET en el Instituto de Ciencias de la Educación de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Comenzó en 2009 con las primeras entrevistas de las 200 que se realizaron a niños de La Plata, Ciudad Autónoma de Buenos Aires y alrededores. La muestra final incluye a 60 chicos de sectores sociales medios, provenientes de escuelas públicas y privadas, pertenecientes a familias religiosas y agnósticas.

Según explican los investigadores, existen muy pocos estudios similares a nivel mundial y ningún antecedente análogo en la Argentina. Además, una de las novedades del trabajo es el modelo de entrevista semidirigida, oral y gráfica, que fue diseñada y puesta en práctica por el grupo de investigación.

Al respecto, Tau explica que “una de las cuestiones que definimos fue la practicidad de introducir a los chicos al tema desde la comparación con la vida animal: es un camino más amortiguado, produce menos ansiedad o angustia y es igualmente productivo porque en los animales muchas de las características que nos interesaba estudiar son antropomórficas, presentan cualidades análogas a las de los seres humanos”.

La investigación se enmarca dentro del campo de la psicología del desarrollo cognitivo, cuyo objetivo general es analizar cómo y por qué cambian los conocimientos, sistemas de  ideas, nociones y competencias de los sujetos a lo largo del tiempo.

“Nos preguntamos cómo se las arregla, qué articulaciones realiza un chico para compatibilizar su propia idea sobre la muerte con esa versión que los adultos le cuentan, de algún modo para calmar su propia angustia frente a una situación de pérdida”, explica Lenzi.

Precisamente uno de los objetivos del proyecto es determinar las relaciones existentes entre la concepción del niño y las creencias religiosas o representaciones sociales de su grupo familiar: “Al investigar cualquier sistema de ideas a lo largo del tiempo se ve una progresión en  línea recta o curva. En el caso de la noción de muerte hay un avance en el tiempo pero luego se observa una meseta, un cauce o campo atractor que estanca el desarrollo, en el que los conceptos de entorno intervienen de manera notable”, desarrolla Tau.

En esa línea, agrega que “encontramos un componente fundamental del pensamiento infantil sobre la muerte que es la idea de relocalización: cuando uno se muere, cambia de lugar. El cielo, el espacio de los muertos, el más allá, son distintas formas de replicación de la existencia en otro lado. Esto va de la mano con cierta resistencia a pensar en la inexistencia o desaparición absoluta, lo que es muy interesante desde el punto de vista psicológico”.

Otra de las conclusiones parciales a las que llegaron los profesionales permite afirmar que “a diferencia de lo que se plantea en muchas investigaciones anglosajonas, la muerte no es una noción como la de tiempo, causa o espacio. Es una especie de paquete conceptual donde intervienen muchos subcomponentes nocionales (universalidad, irreversibilidad, cesación de las funciones vitales) que a su vez está fuertemente condicionado por los aspectos ideológicos que también conforman la idea adulta de la muerte”.

“Si bien esta es una investigación de psicología básica sobre pensamiento infantil, sus resultados podrán ser aplicados en distintos campos. En el terreno educativo puede servir para preparar al niño con conceptos biológicos que permitan comprender la muerte como algo que no es terrorífico, para ayudarlo a sobrellevar situaciones de duelo, y hasta para trabajar con niños que atraviesen ellos mismos una situación terminal”, concluye Lenzi.

 

Por Marcelo Gisande

Sobre investigación:

Ramiro Tau. Becario. Instituto de Investigaciones en Psicología, Facultad de Psicología (UNLP).

José Antonio Castorina. Investigador principal. IICE (UBA).

Alicia María Lenzi. Facultad de Psicología (UNLP).