CIENCIAS EXACTAS Y NATURALES

Recursos pesqueros y biodiversidad en el Océano Atlántico Sudoccidental: un artículo científico alerta sobre la necesidad de integración entre países para defenderlos

Se trata de un trabajo internacional que reúne a expertos de Argentina, Brasil y Uruguay, entre los cuales figura un investigador del CONICET en el Instituto de Limnología de La Plata


Facundo Llompart es el único investigador del CONICET La Plata que participa del artículo. FOTOS: CONICET Fotografía/Rayelen Baridon.
Mapas satelitales que muestran la enorme región que abarca el ASO.

Una extensión de 17,65 millones de kilómetros cuadrados en la que se mezclan aguas subtropicales y subantárticas, lo que le da una biodiversidad excepcional y, ligado a esto, un altísimo valor ecológico y también pesquero en términos económicos. Así es el Océano Atlántico Sudoccidental (ASO), esa vasta porción del planeta ubicada frente a la costa oriental de América del Sur desde el norte de Brasil hasta el comienzo del océano Antártico y dueña, por lo ya dicho, de una enorme importancia regional que, desde distintos sectores, se intenta comprender y defender. El científico es uno de los más pujantes y, en ese sentido, un equipo de expertos de Argentina, Uruguay y Brasil acaba de publicar un artículo en el que se destaca la necesidad de conformar una gobernanza –es decir el proceso de tomar y hacer cumplir decisiones– conjunta para la protección y conservación de esta compleja región. El trabajo aparece en la revista Discover Oceans y es un llamado de atención para la sociedad en general, aunque principalmente para los gobiernos y los decisores políticos.

“Existe una tendencia mundial a formar cuerpos de gobernanza oceánica conjunta para tratar recursos compartidos, y de hecho en la región existen ejemplos exitosos, como el caso de la Comisión Técnica Mixta del Frente Marítimo entre Argentina y Uruguay, un organismo con capacidad jurídica para el manejo sustentable del recurso pesquero y la protección del Río de La Plata y la costa marina”, explica Facundo Llompart, investigador del CONICET en el Instituto de Limnología de La Plata (ILPLA, CONICET-UNLP-asociado a CICPBA) y uno de los cuatro autores argentinos de la publicación. “Lo que falta en este momento, y que en el artículo señalamos como muy necesario, es formalizar lazos con Brasil para lograr una verdadera gestión multilateral del ASO: algo que es coherente desde el punto de vista ecológico pero que encuentra más dificultades en el terreno geopolítico”, apunta el especialista.

De acuerdo al trabajo, uno de los rasgos fundamentales del ASO es su importancia ecológica en tanto región que alberga puntos críticos de biodiversidad, corredores migratorios y hábitats de desove, apareamiento, crianza y alimentación de múltiples especies importantes y vulnerables, incluyendo peces, tiburones, cefalópodos –una clase de moluscos– y mamíferos marinos como las ballenas jorobadas y australes, y las orcas. “Esta diversidad biológica y abundancia son el resultado de rasgos geomorfológicos, hidrográficos y biogeoquímicos insertos en una combinación de ecorregiones distintas”, según puede leerse. Este altísimo valor tiene su correlato en la pesquería: en su extensión se despliegan más de 32 mil embarcaciones artesanales e industriales que emplean a casi 900 mil personas y capturan unos 2 millones de toneladas al año.

Como la conectividad entre las plataformas marinas de los tres países costeros es muy marcada, las especies de importancia comercial habitan y se desplazan a lo largo de las distintas zonas, con lo cual conforman lo que se conoce como stocks compartidos de –en el caso de esta región– peces, camarones, langostinos y calamares. “Lo destacable es que esta alta productividad sostiene una gran biomasa casi única en el mundo que permite sustentar pesquerías de diferente escala. Se trata de un recurso que brinda proteínas claves para la dieta de una población humana en permanente crecimiento, además de empleo y rédito económico a través de exportaciones”, detalla Llompart, y continúa: “Sabemos que en Argentina no hay una tradición fuerte en comer productos del mar, algo que deberíamos revisar para aliviar los peores efectos del déficit alimentario de la pobreza”.

Otro de los aspectos que describe el trabajo tiene que ver con las implicancias del cambio climático en dos sentidos: por un lado, cómo afecta al ASO y, por otro, en qué medida una gobernanza resulta esencial para pensar cómo mitigar esos efectos. “En términos generales, la biodiversidad marina y la forma en que funcionan las pesquerías ya está experimentando cambios: muchas especies de peces están desplazando su distribución hacia mayores latitudes o profundidades, siguiendo condiciones térmicas más adecuadas”, explica el investigador, y agrega que “esto puede generar aumentos locales de diversidad en algunas regiones, pero también pérdida de especies afines a aguas frías o nativas en otras, con cambios en la composición de las comunidades y en las interacciones ecológicas. Desde el punto de vista pesquero, estos movimientos modifican la disponibilidad de los recursos en las zonas tradicionales de pesca, alteran la estacionalidad y vuelven más inciertos los desembarques. En algunos casos pueden aparecer nuevas oportunidades, pero en otros se reducen capturas históricas”.

En este sentido, Llompart señala que, debido al aumento de las temperaturas, en el ASO se observa una “tropicalización” de la pesca: desplazamientos de especies hacia el sur y aumento relativo de especies de aguas más cálidas. “El problema es especialmente delicado en el Atlántico Sur porque muchos recursos son compartidos, con algunos stocks que transitan también hacia alta mar. Si, producto de estos cambios en la biodiversidad y abundancia, la proporción fuera de las zonas económicas exclusivas aumenta demasiado, las medidas de manejo que pueda tomar un solo país pierden eficacia y crece el riesgo de pesca no regulada, conflictos entre jurisdicciones y tensiones con flotas de aguas distantes. El caso paradigmático hoy por hoy es el calamar argentino”, señala el autor. En esta línea, el artículo subraya la necesidad de mecanismos más coordinados, mayor intercambio de datos y estrategias de manejo adaptativas y cooperativas para responder a recursos que ya no respetan fronteras ni lo harán en el futuro.

Y en cuanto a la mitigación o reducción de los efectos del cambio climático, “primero es necesario consensuar un punto de partida entre los países involucrados; es decir definir cómo estamos hoy, obtener un diagnóstico confiable a nivel regional y no país por país. Luego, sí proyectar escenarios posibles para aportar previsibilidad al manejo de los recursos”, apunta Llompart, y enfatiza que “no es un trabajo que hay que comenzar desde cero, ya que hay instituciones, información valiosa y capacidades instaladas de mucha reputación, pero lo que falta son aproximaciones integrales”. Para finalizar, el artículo insiste en que este es un buen momento para iniciar diálogos sobre el establecimiento de marcos de cooperación y el reposicionamiento de la región dentro del panorama de la gobernanza oceánica mundial. “Si bien las tensiones geopolíticas están erosionando aspectos del multilateralismo global, posicionar la ciencia como fuente de conocimiento y herramienta de gestión sirve para conciliar los imperativos de soberanía con la necesidad de un manejo cooperativo en un panorama institucional actualmente fragmentado”, concluye el investigador.

Referencia bibliográfica:

Palacios-Abrantes, J., Llompart, F., Cardoso, L.G. et al. Integrated ocean governance is needed in the Southwest Atlantic Ocean to foster fisheries, conservation and resilience to climate change. Discov Oceans 3, 19 (2026). https://doi.org/10.1007/s44289-026-00134-4

Por Mercedes Benialgo