DÍA INTERNACIONAL DE LOS BOSQUES

La sostenibilidad como clave para preservar los ecosistemas boscosos

En el contexto de las metas de desarrollo convenidas internacionalmente, este año las Naciones Unidas resalta como temática a abordar la importancia del consumo y producción sostenibles


Bosque mixto (Nothofagus spp y otros) y Ciprés (Austrocedrus chilensis) - El Maitén - Chubut Crédito: Claudia Pamela Quinteros.
Bosque puro de Lenga (Nothofagus pumilio) - Tierra del Fuego Crédito: Claudia Pamela Quinteros
Bosque de Ñire (Nothofagus antarctica) en invierno - El Maitén - Chubut Crédito: Claudia Pamela Quinteros

Guillermo Defossé, investigador principal de CONICET y director del Centro de Investigación Esquel de Montaña y Estepa Patagónica (CIEMEP, CONICET – UNPSJB), repasa en el Día Internacional de los Bosques la importancia que estos ecosistemas tienen para el desarrollo de la vida humana y realiza un recorrido histórico sobre el concepto de desarrollo sostenible.

La relación de dependencia de los seres humanos con los ecosistemas boscosos se remonta a los primeros homínidos de las sabanas tropicales en África, que luego fueron expandiéndose a otros continentes. Los bosques constituyeron desde entonces un factor clave e indisoluble para la vida de la humanidad, ya que les proporcionaron tanto alimentos, materias primas, agua, abrigo y medicinas, como materiales para la construcción de viviendas y otros servicios esenciales para el desarrollo integral de la sociedad.  “Sin embargo, con el tiempo y acrecentándose luego de la Revolución Industrial, la creciente -y a veces excesiva- demanda de estos bienes y servicios por parte de la sociedad mundial, fue minando la capacidad de autoperpetuación de los ecosistemas boscosos, con la consiguiente pérdida en la provisión de bienes y servicios que éstos proveían” señala Defossé.

Aunque estos ecosistemas cubren aproximadamente solo el 30 por ciento de la superficie terrestre, proporcionan hábitat para el 80 por ciento de las especies de anfibios, el 75 por ciento de las especies de aves y el 68 por ciento de las especies de mamíferos, y registran cerca de 60 mil especies de árboles. Los ecosistemas boscosos están dispuestos de forma discontinua e irregular y la diversidad que albergan no está distribuida de manera uniforme: en los tropicales es muy alta y disminuye paulatinamente hacia aquellos bosques ubicados en latitudes medias y bajas. “Esta particularidad hace que los primeros concentren alrededor del 60 por ciento de las plantas vasculares -que poseen hojas, tallo y raíces- del mundo, y que entre éstos y los bosques subtropicales (secos y húmedos), alberguen la mayor concentración de vertebrados terrestres endémicos y también el mayor número de especies amenazadas o en peligro de extinción de todo el planeta. Estas amenazas y el peligro de extinción de diversas especies, tanto animales como vegetales, están estrechamente relacionadas con el sobreuso o aprovechamiento no sostenible de los ecosistemas por parte del ser humano, lo cual se aceleró especialmente durante la última centuria” advierte el investigador.

Desarrollo sostenible: un concepto con historia

Defossé señala que la primera visión crítica sobre las consecuencias negativas del aprovechamiento no regulado de los bosques fue brindada por el economista alemán Hans Carl von Carlowitz (1645- 1714). “En su libro Sylvicultura Oeconomica, aparecido en 1713, hizo una revisión crítica sobre el manejo de los bosques de Sajonia en el centro-oeste de Alemania, advirtiendo que la tasa de extracción estaba superando a la productividad del bosque. Para evitar que con el tiempo se produjera su desaparición, propuso entonces que la tasa de extracción no debería superar a la de producción, acuñando para ello el concepto de rendimiento sostenible; este término sentó las bases de lo que llamamos hoy el manejo sustentable o sostenible del recurso boscoso” comenta. No obstante, el descubrimiento e incorporación de nuevas áreas boscosas a la producción provocó que el concepto de rendimiento sostenible no tomara protagonismo activo durante prácticamente los siguientes doscientos cincuenta años.

A mediados de los años 60 del siglo pasado, diversas investigaciones alertaron sobre algunos síntomas de deterioro estructural y funcional de muchos ecosistemas forestales y se comenzaron a visibilizar investigaciones que advertían el peligro de la degradación creciente de los ambientes naturales por sobreexplotación. “Esos trabajos permitieron poco a poco ir despertando una conciencia más ambiental y menos extractivista de lo que debería ser la relación entre los recursos que la naturaleza provee y la sociedad” señala Defossé.

Esta situación conllevó a que en 1987 las Naciones Unidas realizara un informe sobre el estado de los ecosistemas del planeta; en Nuestro Futuro Común se rescató el concepto de von Carlowitz y se deja constancia de la definición de Desarrollo Sostenible: “hacer uso de los Recursos Naturales que permitan satisfacer las necesidades de las generaciones actuales, sin poner en peligro la capacidad de las generaciones futuras de poder usarlos para satisfacer sus propias necesidades” (Nuestro Futuro Común, CMA, ONU, 1987).  “Esta definición se aleja del concepto idealista de intangibilidad (nada se usa, nada se toca), y reconoce la dependencia y necesidad del ser humano de hacer uso de los recursos naturales que proveen los distintos ecosistemas del planeta, y fundamentalmente los bosques. Sin embargo, es el mismo concepto el que advierte sobre la imperiosa necesidad de que, mediante el “uso sostenible”, se puedan preservar a perpetuidad las estructuras, funciones y servicios que proveen los ecosistemas aprovechados” comenta el investigador. A partir de entonces, el concepto de sostenibilidad fue un compromiso difundido, adoptado, y establecido como un objetivo a cumplir por parte de los gobiernos y la sociedad global en el uso y manejo de los ecosistemas naturales y en particular, de los ecosistemas boscosos.

El desafío de implementar un desarrollo sostenible

“Para lograr que el concepto de desarrollo sostenible tenga una aplicación práctica, se debe generar primero el conocimiento ecológico básico sobre los aspectos estructurales y funcionales de cada ecosistema en estudio. Luego, y sobre la base de ese conocimiento, se deberían dictar pautas y directivas que tiendan a su manejo sostenible” indica Defossé. En el CONICET y en particular en la región patagónica, hay centros e institutos de investigación dedicados a estos aspectos con la potencialidad de generar conocimientos para poner en valor los diferentes ecosistemas de bosques.

El desarrollo sostenible busca equilibrar la protección del medio ambiente con el desarrollo económico y social. En relación a esto último, Defossé señala que “la aplicación de estos modelos trae aparejada una gran cantidad de puestos de trabajo; por ejemplo, en la provincia de Chubut, hubo emprendimientos forestales que generaron mucha mano de obra que hoy ha desaparecido”.

La importancia que tienen la madera y los productos derivados de los bosques, plantea la urgencia de consumir y producir de una forma más amigable con el medio ambiente, sobre todo porque se trata de un recurso fácilmente renovable si se lleva adelante una gestión sostenible. “Los ecosistemas boscosos han estado indisolublemente unidos al desarrollo de la humanidad, y por eso es nuestro deber tenerlo siempre presente; tener un día como referencia contribuye a recordar la importancia de cuidarlos y manejarlos para su perpetuidad” concluye el investigador.

Por Emiliana García (CCT Patagonia Norte) y Analía Ramón (CIEMEP)