CIENCIAS BIOLÓGICAS Y DE LA SALUD

Científicos del CONICET contribuyen al desarrollo de una nueva técnica de trasplante que busca evitar el rechazo de los órganos

Es un trabajo conjunto entre expertos de La Plata y médicos de España. La estrategia consiste en aplicar células de la médula ósea del donante al receptor para hacer convivir en él ambos sistemas inmunes y así favorecer la tolerancia al injerto. El procedimiento permitiría reducir el uso de tratamientos inmunodepresores para controlar la respuesta inmunitaria. Los primeros resultados son alentadores


Rodrigo Papa Gobbi y Pablo Stringa junto al director del IIFP Martín Rumbo y la becaria del CONICET Lila Echavarría. Fotos: CONICET Fotografía/R. Baridón.
Los profesionales del IIFP se centraron principalmente en los ensayos preclínicos en modelos experimentales. Fotos: CONICET Fotografía/R. Baridón.
La estrategia combina el trasplante de órganos con la administración de un tipo de células provenientes de la médula ósea. Fotos: CONICET Fotografía/R. Baridón.
Los estudios permitieron profundizar en los cambios en las defensas tras del procedimiento y en los mecanismos que favorecerían la tolerancia. Fotos: CONICET Fotografía/R. Baridón.
Rodrigo Papa Gobbi y Pablo Stringa. Fotos: CONICET Fotografía/R. Baridón.
Nora y Yasinne, los dos primeros pacientes que han recibido el nuevo tipo de trasplante. Fotos: gentileza investigadores.
Los trasplantes fueron realizados en 2020 y el seguimiento de casi seis años da cuenta de que la técnica funcionó con éxito. Foto: gentileza investigadores.
Yasinne en 2020 luego del trasplante junto a su médica Esther Ramos. Foto: gentileza investigadores.

Una de las grandes complicaciones que se presentan a la hora de realizar un trasplante de órganos sólidos es la resistencia que ofrece el sistema inmune del receptor frente al nuevo tejido, al que no reconoce como propio. La única opción terapéutica para controlar esa respuesta inmunitaria es la administración de tratamientos inmunosupresores, es decir, medicamentos inhibidores de parte de las reacciones del sistema inmune. Como estas terapias no son específicas, reducen también la defensa contra toda posible amenaza, desde virus, hongos o bacterias hasta células tumorales, es decir que pueden tener graves efectos secundarios.

Frente a este problema, investigadores del CONICET en el Instituto de Estudios Inmunológicos y Fisiopatológicos (IIFP, CONICET-UNLP-asociado a CICPBA) junto a un equipo médico del Hospital La Paz de Madrid, España, desarrollaron una estrategia que combina el trasplante de órganos con una terapia celular que consiste en la administración de un tipo de células provenientes de la médula ósea, que se conocen como precursores hematopoyéticos y que se encargan de dar origen a distintas células sanguíneas, incluidas las del sistema inmune.

“Lo que hacemos es poner a convivir en el cuerpo del paciente los dos sistemas inmunes –el suyo y el del donante–, dando lugar a lo que llamamos un sistema inmune quimérico, en el que hay una relación armoniosa entre ambos”, cuenta Rodrigo Papa Gobbi, investigador del CONICET en el IIFP y uno de los participantes argentinos de la  investigación, y desarrolla: “Estos precursores hematopoyéticos que se inyectan al paciente se alojan en su médula ósea. Allí se dividen y dan origen a muchos tipos diferentes de células. Estas nuevas células son las que van a enseñarle al organismo que el nuevo órgano no es algo peligroso”.

Publicado recientemente en la revista científica Communications Medicine, un trabajo que lleva la firma de Papa Gobbi y Pablo Stringa, también investigador del CONICET en el IIFP, da cuenta de dos casos de trasplantes realizados en España en 2020 utilizando esta técnica, en los que, a la vista de los resultados del seguimiento llevado a cabo durante casi seis años, funcionó con éxito. Uno es el de Nora, una paciente de 49 años que recibió un trasplante de riñón y tenía antecedentes de haber rechazado tres intervenciones similares; y el otro el de Yasinne, un niño de 15 años a quien se le realizó un trasplante multivisceral (estómago, intestino, páncreas, hígado y riñón) y que, previamente, había rechazado dos injertos.

“En ambos casos se trataba de personas que ya no eran candidatas a un retrasplante por su alta tasa de rechazos. Esa es una decisión difícil, pero llega un momento en que se debe priorizar cuán viable es la intervención, porque cada órgano que uno pone en una persona es un órgano que no va a otra que también lo necesita. En ese contexto, la alternativa fue incluirlos en un protocolo de uso compasivo para que puedan acceder a este procedimiento en etapa de investigación”, describe. Pasados casi seis años de ambas intervenciones, los dos pacientes llevan una vida normal, con sus órganos plenamente funcionales, sin signos de rechazo y sometidos a un tratamiento de inmunosupresión mínimo.

El trabajo de los profesionales del IIFP se centró principalmente en los ensayos preclínicos en modelos experimentales y, además, Papa Gobbi se abocó al seguimiento posterior de los pacientes, particularmente en analizar cómo se reconfiguraron sus sistemas inmunes tras la aplicación de la técnica. Los estudios permitieron profundizar en los cambios que experimentan las defensas después del procedimiento y en los mecanismos que podrían favorecer la tolerancia al órgano recibido.

A raíz de los buenos resultados observados, el equipo inició recientemente un ensayo clínico de fase 1 con el objetivo de que la estrategia pueda ser reproducida en otros centros médicos. “En esta etapa, tenemos dos pacientes más a los que ya se les infundieron los precursores hematopoyéticos y no han presentado ningún tipo de efecto adverso, y otros más en lista de espera. Los datos obtenidos hasta aquí son realmente alentadores”, se entusiasma el investigador.

“Nuestro objetivo es que esta técnica no solo se aplique en el Hospital La Paz, sino que sea reproducible en otros centros médicos de España y también de nuestro país”, destaca Papa Gobbi, quien subraya que ya se encuentran en contacto con profesionales del Hospital "Prof. Dr. Juan P. Garrahan", centro pediátrico argentino, con el objetivo de incluir esta estrategia como una opción más para el tratamiento de sus pacientes: “Lo que queremos conseguir es que un mismo órgano dure para toda la vida. Esto no solo es bueno para el paciente, porque evita someterse a múltiples operaciones a lo largo de su vida, sino que además hace que la oferta de órganos disponibles para otras personas sea mayor”, concluye.

Referencia bibliográfica:

Pérez-Martínez, A., Aguirre-Portolés, C., Mestre-Durán, C., Arreola, N. M., Pascual-Miguel, B., Stringa, P., ... & Hernández-Oliveros, F. (2026). Naive T cell-depleted hematopoietic stem cell transplantation to minimize immunosuppression after solid organ transplantation: case report. Communications Medicine, 6(1), 489. DOI: https://doi.org/10.1038/s43856-026-01906-x

Por Marcelo Gisande.